Higiene

Bronquiolitis y mocos en bebés: qué hacer en casa y cuándo ir a urgencias

Llega el primer invierno con bebé y con él los mocos, la tos y esa respiración ruidosa que te deja mirando la cuna a las tres de la mañana. La bronquiolitis es una de las causas más frecuentes de consulta y de ingreso en los primeros meses de vida, y también una de las que más angustia genera. Esta guía te explica qué es, qué puedes hacer en casa y —lo más importante— qué señales no se esperan en casa.

Aviso necesario: esto es información para orientarte, no sustituye a tu pediatra. Con un bebé pequeño y dificultad para respirar, la decisión correcta siempre es consultar.

¿Qué es exactamente la bronquiolitis?

Es una infección respiratoria de las vías pequeñas del pulmón (los bronquiolos), casi siempre causada por un virus, y muy típica de los menores de 2 años, sobre todo en los primeros meses. El virus más conocido es el virus respiratorio sincitial (VRS), aunque no es el único.

Lo característico es cómo evoluciona: empieza pareciendo un catarro cualquiera —mocos, estornudos, algo de tos, a veces febrícula o fiebre— y, al cabo de unos días, en algunos bebés la cosa baja al pecho: la tos se hace más intensa, la respiración se acelera y aparece dificultad para respirar. El peor momento suele ser hacia el tercer o cuarto día, y a partir de ahí va mejorando poco a poco, aunque la tos puede durar semanas.

Catarro normal o algo más: en qué fijarse

La diferencia no está tanto en los mocos como en cómo respira y cómo come. Vigila especialmente:

  • Cómo respira: si va muy rápido, si hace pausas, si suena silbante o si se le marcan las costillas y el hueco del cuello al coger aire.
  • Si come: un bebé que respira con esfuerzo se cansa al mamar o con el biberón y empieza a rechazar tomas. Es una de las señales más fiables.
  • Cuántos pañales moja: menos pipí que de costumbre indica que está comiendo o bebiendo poco.
  • Cómo está: un bebé decaído, muy irritable o al que cuesta despertar preocupa más que uno con muchos mocos pero activo.

Señales de alarma: consulta sin esperar

  • Dificultad para respirar: respiración muy rápida, quejido al espirar, aleteo de la nariz, o que se le hunda la piel entre las costillas o bajo el cuello.
  • Pausas en la respiración o momentos en los que parece que deja de respirar.
  • Color azulado en labios o alrededor de la boca: es una urgencia inmediata.
  • Rechazo de las tomas o come menos de la mitad de lo habitual, y señales de deshidratación (pocos pañales mojados, boca seca).
  • Bebé muy decaído o al que cuesta despertar.
  • Menos de 3 meses con fiebre: aquí se consulta siempre, con o sin mocos.
  • Y como norma: si algo te hace pensar que no va bien, consúltalo. Con la respiración, mejor ir de más que de menos.

Qué SÍ ayuda en casa

El tratamiento de la bronquiolitis es sobre todo de soporte: no hay una pastilla que la cure, porque es vírica. Lo que de verdad ayuda:

  • Lavados nasales con suero fisiológico, especialmente antes de cada toma y antes de dormir. Un bebé con la nariz taponada no puede mamar bien, porque respira principalmente por la nariz.
  • Tomas más pequeñas y más frecuentes: se cansa antes, así que es mejor poco y a menudo que forzar tomas largas.
  • Mantenerlo bien hidratado: es el objetivo principal en casa.
  • Postura algo incorporada cuando está en brazos y despierto (para dormir, siempre boca arriba y sobre superficie firme).
  • Ambiente sin humo de tabaco y con una temperatura agradable, ni sobrecalentado ni muy seco.
  • Paciencia con la tos: puede durar dos o tres semanas aunque el bebé ya esté mejor.

Lavados nasales: cómo hacerlos bien

Es la herramienta más útil y la que más se hace con miedo. Unas pautas prácticas:

  • Usa suero fisiológico en monodosis, a temperatura ambiente o ligeramente templado.
  • Con el bebé de lado (no boca arriba del todo), introduce el suero por la fosa de arriba con un movimiento firme y breve.
  • Después, incorpóralo y deja que tosa o estornude: así expulsa la mucosidad. Es normal que proteste.
  • Hazlo antes de comer y de dormir, no justo después de una toma (puede vomitar).
  • Usa el aspirador nasal con moderación: si lo usas muchas veces al día, irritas la mucosa y hay más moco.

Qué NO hay que hacer

  • No des antibióticos por tu cuenta: la bronquiolitis es vírica y los antibióticos no sirven.
  • No des jarabes para la tos ni antitusígenos a un bebé: no están indicados y pueden ser peligrosos a estas edades.
  • No uses mentoles, vaporizadores ni ungüentos sobre el pecho de un lactante sin indicación médica.
  • No fuerces tomas grandes si se cansa: mejor fraccionarlas.
  • Nada de humo en casa ni en el coche, aunque sea en otra habitación.

Cómo reducir el riesgo de contagio

Es un virus muy contagioso y circula sobre todo en los meses fríos. Lo que más ayuda:

  • Lavarse las manos antes de coger al bebé: parece poca cosa, pero es la medida más eficaz. Pídeselo también a las visitas.
  • Evitar el contacto con personas resfriadas, sobre todo en los primeros meses de vida.
  • Evitar sitios muy concurridos con un bebé muy pequeño en plena temporada de virus.
  • No compartir chupetes, vasos ni cubiertos, y lavar bien los juguetes.
  • Cero humo de tabaco: los bebés expuestos tienen infecciones respiratorias más graves.
  • La lactancia materna aporta protección frente a infecciones.
  • Pregunta a tu pediatra por las medidas preventivas disponibles para el VRS según la edad de tu bebé y la temporada.

Por qué los bebés se acatarran tanto

Que un bebé encadene catarros el primer invierno es normal y no significa que tenga «pocas defensas». Su sistema inmunitario está estrenando virus que nunca había visto, y existen cientos de ellos circulando. A eso se suma que sus vías respiratorias son muy pequeñas: la misma cantidad de moco que a un adulto apenas le molesta, a un bebé puede taponarle la nariz por completo y dificultarle la respiración y las tomas.

Si además entra en la escuela infantil, la frecuencia se dispara durante los primeros meses. Es desesperante, pero se pasa: a partir del segundo año la mayoría de las familias notan un bajón claro en el número de procesos.

Comer y dormir estando acatarrado

Estas dos cosas son las que más se resienten y las que más ayudan si las manejas bien:

  • Antes de cada toma, lavado nasal. Con la nariz libre mamará mucho mejor y se cansará menos.
  • Tomas más cortas y frecuentes: necesita respirar entre succiones, así que fracciona en lugar de insistir.
  • Ofrece más a menudo aunque coma menos cantidad: el objetivo es que esté hidratado.
  • Para dormir, siempre boca arriba y sobre superficie firme: no se deben usar cuñas, cojines antirreflujo ni elevar el colchón por tu cuenta, aunque se lo hayas visto a alguien.
  • Espera despertares extra estos días y no te preocupes si retrocedéis un poco: se recupera al terminar el proceso.

¿Y si tiene que ingresar?

Una parte de los bebés con bronquiolitis necesita ingresar, sobre todo los más pequeños y los que nacieron prematuros. Suele ser por dos motivos muy concretos: porque necesita oxígeno o porque no consigue comer lo suficiente y hay riesgo de deshidratación. En el hospital el tratamiento sigue siendo de soporte: lavados nasales, oxígeno si hace falta y, en algunos casos, alimentación por sonda mientras pasa lo peor.

Que ingrese no significa que hayas hecho nada mal ni que hayas tardado demasiado: es la evolución propia de la enfermedad en los bebés más pequeños. La mayoría mejora en pocos días y se va a casa sin secuelas.

Errores frecuentes

  • Esperar en casa con un bebé que respira con esfuerzo.
  • Achacar a los dientes una fiebre en plena temporada de virus.
  • Abusar del aspirador nasal hasta irritar la nariz.
  • Dar jarabes de adulto o medicación sobrante de otro episodio.
  • Dejar que le besen en la cara personas resfriadas «porque es solo un catarro».

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura una bronquiolitis?

La fase peor suele darse hacia el tercer o cuarto día y después mejora progresivamente. La tos y los mocos pueden durar dos o tres semanas, aunque el bebé ya esté recuperado.

¿Puede repetirse?

Sí. Existen varios virus que la causan y la inmunidad no es completa, así que un bebé puede tener más de un episodio, aunque lo habitual es que los siguientes sean más leves.

¿Sirve el humidificador?

Puede hacer el ambiente más agradable si el aire está muy seco, pero no es un tratamiento y no sustituye a los lavados nasales. Si lo usas, mantenlo muy limpio para que no se convierta en un foco de hongos.

¿Puedo llevarlo a la guardería si solo tiene mocos?

Depende de cómo esté y de las normas del centro. Con mocos pero sin fiebre, comiendo bien y con buen estado general, lo habitual es que pueda ir. Con fiebre, dificultad para respirar o rechazo de las tomas, no: necesita descansar y además contagia.

¿Los mocos verdes significan que necesita antibiótico?

No. Es un mito muy extendido: el color del moco cambia a lo largo de un catarro normal y no indica por sí mismo una infección bacteriana. Quien debe decidir si hace falta antibiótico es tu pediatra, valorando al bebé.

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