Chupete: cuándo ofrecerlo, cuál elegir y cómo retirarlo sin dramas
Actualizado el 25 de julio de 2026
Pocos objetos tan pequeños generan tanto debate. Que si crea dependencia, que si estropea los dientes, que si interfiere con la lactancia, que si ayuda a dormir... La realidad es más matizada y más tranquilizadora de lo que sugieren las discusiones de parque: el chupete tiene beneficios reales y también inconvenientes, y lo importante es saber cuándo ofrecerlo, cómo usarlo y cuándo retirarlo.
La succión no nutritiva (chupar sin comer) es un reflejo natural que calma y consuela al bebé. El chupete simplemente canaliza esa necesidad. No es obligatorio: hay bebés que no lo quieren nunca y no pasa absolutamente nada.
¿Cuándo ofrecerlo? Depende de la lactancia
Este es el punto más importante y donde más dudas hay. Si das el pecho, la recomendación de la pediatría española es esperar a que la lactancia esté bien establecida, lo que suele ocurrir en torno al mes de vida. En los primeros días conviene evitarlo, porque puede interferir en el enganche y en el establecimiento de la producción.
A partir de ese momento, ofrecer el chupete no está desaconsejado. De hecho, coincide con la edad en la que empieza a aumentar el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante, y el uso del chupete al dormir se ha asociado a una reducción de ese riesgo. Si tu bebé toma biberón, no hay que esperar: puedes ofrecerlo desde el principio si lo veis útil.
Y una regla de sentido común: el chupete nunca sustituye una toma. Si el bebé tiene hambre, lo que necesita es comer, no chupar.
Chupete y muerte súbita: lo que dice la evidencia
El uso del chupete durante el sueño se ha relacionado con un menor riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante, y por eso figura entre las medidas que se contemplan a partir del mes de vida. Aun así, conviene ponerlo en contexto: las medidas de sueño seguro más importantes siguen siendo acostar al bebé boca arriba, sobre una superficie firme y despejada, en la habitación de los padres los primeros meses, evitar el sobrecalentamiento y el humo del tabaco, y la lactancia materna. El chupete es un factor más, no un sustituto de todo lo anterior.
En la práctica: puedes ofrecerlo al acostarlo, pero si se le cae mientras duerme no hace falta volver a ponérselo, y nunca hay que forzarlo si lo rechaza.
Cómo elegir el chupete
Los dos factores que más importan son el material y la talla:
- Látex: más blando, flexible y resistente a los mordiscos, pero se deteriora antes, amarillea y puede dar alergia en casos puntuales.
- Silicona: más firme, transparente, inodora y fácil de limpiar; suele durar más, aunque se rompe con más facilidad si el bebé ya tiene dientes.
- Talla adecuada a la edad (suelen indicarse por meses): una talla que se le queda pequeña o grande es incómoda y menos segura.
- Forma de la tetina: anatómica, fisiológica o redonda. Aquí manda tu bebé: unos aceptan una forma y rechazan otra sin más explicación.
- Escudo con orificios de ventilación y tamaño suficiente para que no pueda introducirlo entero en la boca.
Comprueba que cumpla la normativa europea de seguridad y revisa el chupete a menudo: si está pegajoso, agrietado, hinchado o deformado, tíralo. Como orientación, conviene renovarlos cada pocas semanas y siempre ante el mínimo signo de deterioro.
Higiene: limpieza sí, saliva no
- Lava el chupete con agua caliente y jabón; esteriliza según las indicaciones del fabricante, sobre todo los primeros meses.
- Revisa la tetina tirando suavemente de ella antes de cada uso para asegurarte de que no se desprende.
- No lo limpies con tu boca: además de no ser higiénico, puede transmitir bacterias causantes de caries al bebé.
- Nunca mojes el chupete en azúcar, miel ni nada dulce: favorece la caries y, en el caso de la miel, está contraindicada antes del año.
- Cuidado con las cadenas y cintas largas: usa solo broches específicos y cortos, y nunca cuelgues el chupete del cuello del bebé por riesgo de estrangulamiento.
¿Y los dientes? El uso prolongado sí importa
Un uso moderado y limitado a los primeros meses no suele dar problemas. Lo que se asocia a alteraciones de la mordida y del paladar es el uso prolongado e intensivo, es decir, mantenerlo muchas horas al día más allá de los dos años. Por eso la recomendación va en la línea de empezar a retirarlo en torno al año y, en cualquier caso, no alargarlo mucho más.
Cuándo y cómo retirar el chupete
La orientación habitual es retirarlo al llegar al año de edad: a partir de ahí el síndrome de muerte súbita es excepcional, con lo que desaparece su principal beneficio, y en cambio se asocia a más riesgo de otitis media y, si se alarga mucho, a problemas dentales.
Cómo hacerlo sin dramas:
- Reduce de forma gradual: primero fuera de casa, luego durante el día, y deja el de dormir para el final.
- Elige un momento tranquilo: no coincidas con una mudanza, la entrada en la guardería o la llegada de un hermano.
- Sustituye el consuelo, no lo elimines: más brazos, un peluche o muñeco de apego, un cuento, una nana.
- Con niños más mayorcitos funcionan los rituales (regalárselo a alguien, dejarlo para «los bebés», cambiarlo por un juguete).
- Sé coherente: devolverlo cada vez que llora alarga el proceso y confunde.
Y no te castigues si tarda: es un proceso, no un interruptor. Casi ningún niño llega al colegio con chupete.
Cuántos chupetes tener y cómo organizarte
Si tu bebé lo usa, tener varios iguales ahorra muchos disgustos: uno se pierde siempre en el momento más inoportuno. Ten un par en casa, uno en la bolsa de paseo y otro de repuesto en el coche. Guárdalos limpios en una cajita o estuche portachupetes en lugar de sueltos en el fondo del bolso, donde se llenan de pelusas.
Un aviso práctico: si tu bebé acepta un modelo concreto, no lo cambies sin necesidad. Muchos bebés rechazan de plano una forma o material distinto, y ese no es un buen momento para experimentar. Compra el mismo modelo en la talla siguiente cuando le toque cambiar.
Chupete y dientes de leche: cómo minimizar el impacto
Además de retirarlo pronto, hay hábitos que reducen el efecto sobre la boca. El principal es no usarlo de forma continua: ofrécelo para dormir o para consolar en momentos concretos, no todo el día puesto por costumbre. Cuando el niño está tranquilo y entretenido, mejor sin él, entre otras cosas porque llevar el chupete constantemente dificulta que hable y practique el lenguaje. Si a partir del año y medio o los dos años sigue usándolo mucho, coméntalo en la revisión del pediatra o con el odontopediatra, que valorará cómo va la mordida.
¿Y si en vez del chupete se chupa el dedo?
Es una duda muy habitual, porque responde al mismo reflejo de succión. La diferencia práctica es importante: el chupete se puede retirar cuando decidas, y el dedo, no. Por eso, cuando un bebé necesita succionar mucho para calmarse, muchos profesionales prefieren el chupete, que además permite controlar el material y la higiene. Chuparse el dedo en los primeros meses es normal y no requiere hacer nada; lo que conviene vigilar es que el hábito no se prolongue en el tiempo, por el mismo motivo dental que con el chupete. En ambos casos, la clave es la misma: ofrecer otras formas de consuelo a medida que crece.
Errores frecuentes
- Introducirlo en los primeros días con lactancia materna, antes de que esté establecida.
- Usarlo para retrasar o sustituir tomas.
- Limpiarlo con la boca de los padres o mojarlo en algo dulce.
- Colgarlo del cuello con cintas largas.
- No revisar ni renovar chupetes viejos, agrietados o deformados.
- Alargar su uso muchas horas al día pasados los dos años.
Preguntas frecuentes
¿El chupete estropea la lactancia?
Puede interferir si se introduce muy pronto, cuando la lactancia aún no está establecida. Por eso se recomienda esperar en general hasta el mes de vida; a partir de ahí no está desaconsejado.
¿Y si mi bebé no lo quiere?
No hay ningún problema. El chupete no es necesario: es una herramienta de consuelo más. Si tu bebé lo rechaza, no hay que insistir.
¿Cuándo hay que quitarlo?
La recomendación habitual es empezar a retirarlo alrededor del año, ya que a partir de esa edad no aporta beneficios claros y se asocia a más otitis y, si se prolonga, a alteraciones dentales.
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